Vol.2 Nº2, agosto-octubre 2003, ISSN 1690-0723




Intervención de Elíades Acosta, director de la Biblioteca Nacional de Cuba, en la Conferencia Anual ALA-CLA. Toronto, 23 junio de 2003

[ click para versión en inglés ]

Del 19 al 25 de junio se celebró en Toronto, Canadá, la Conferencia Anual de la Asociación de Bibliotecarios Americanos (ALA) y de la Asociación de Bibliotecarios Canadienses (CLA), a la cual asistió una delegación cubana compuesta por Eliades Acosta Matos, Director de la Biblioteca Nacional "José Martí", Margarita Bella, Presidenta de la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI), la Dra. Marta Terry, Asesora de ASCUBI y Profesora de la Universidad de La Habana, entre otros 6 participantes. A continuación publicamos la ponencia de Eliades Acosta, presentada el sábado 21 de junio, a la cual el autor le agregó al final un poema de Victor Casaus: "Todo lo que tengo, y lo que no tengo; lo tengo y no lo tengo, pero de pie". Así termina después del último párrafo.

LAS BIBLIOTECAS CUBANAS: EL REPORTAJE PENDIENTE DE LA CNN.

Un bibliotecario cubano de verdad, de carne y hueso, es una persona, casi siempre una mujer, que raramente interesa a las cada vez mayor cantidad de periodistas y similares que dicen dedicarse a abordar la realidad de Cuba en sus escritos. Si la verdadera realidad de la isla raramente aparece reflejada con mediana objetividad en la gran prensa que se dice "libre y profesional", no debe asombrarnos que poco o nada se sepa de los más de doce mil especialistas de la información que mantienen este importante servicio social en un país pobre, acosado y bloqueado por la mayor potencia de la Historia, como si se tratase de un país criminal, de una nación que albergase una enfermedad mortal para el resto de las naciones: el de demostrar que otro mundo mejor es posible.

Es curioso constatar que a pesar de esta vil criminalización de todo un pueblo; de esta torva persecución contra un proyecto social que revolucionó profundamente las estructuras de exclusión e injusticia que padecían las amplias mayorías de la población cubana, la verdad es que Cuba ostenta el mayor índice de escolarización de todo el Tercer Mundo, superior, incluso, al de muchos países desarrollados; no sufre de analfabetismo; tiene el mayor per cápita mundial de maestros y es reconocida por la UNESCO como poseedora de uno de los sistemas de enseñanza que con más calidad prepara a sus egresados. Nada de esto tiene verdadera importancia para quienes critican y acusan a Cuba.

No importa que ningún niño cubano no tenga que mendigar por las calles para vivir, ni que la educación sea gratuita y universal desde el preescolar hasta la universidad, tanto como lo es la salud. Esto, en rigor, es irrelevante, como también que los niños y jóvenes cubanos no se disparen unos a otros en las escuelas, ni asesinen a sus maestros en las propias aulas.

No importa que a partir del mes de septiembre del presente año, en las escuelas cubanas se pueda contar un maestro por cada veinte alumnos, proporción solo lograda, aproximadamente, en Dinamarca, donde las aulas cuentan con un maestro por cada veinticinco alumnos. No importa que en nuestra red de escuelas existan seis mil bibliotecas escolares, ni que se hayan ubicado en ellas, en el 2002, 50 mil computadoras, televisores y VCR, incluso en las cerca de 1000 escuelas rurales que no contaban con servicio eléctrico y a las que se dotó de paneles solares, aún cuando dichas escuelas estuviesen entre las 173 que se abren cada día para acoger a un solo alumno, por vivir estos en regiones muy remotas. Pero nada de esto es realmente importante.

No importa que contemos proporcionalmente en Cuba con más bibliotecas públicas que Italia; que estas cumplan con las recomendaciones de la UNESCO y pongan a disposición de sus usuarios casi tres ejemplares por habitante; que el pasado año hayan recibido servicios en nuestra red más de ocho millones de personas de una población total de once millones, y que en el país se puedan comprar los libros más baratos del mundo. Y que todo esto se logre para servir hasta al último de los cubanos, no a las elites privilegiadas, ni a los que tengan mayor poder adquisitivo, importa menos, como tampoco que estos logros, de los que los cubanos nos enorgullecemos, se hayan podido realizar en medio de una guerra que dura ya 43 años.

Las recientes medidas restrictivas del gobierno de los Estados Unidos en el plano del intercambio de ideas y proyectos académicos vienen a confirmar que el bloqueo no reconoce fronteras, y que son pura retórica sus afirmaciones en sentido contrario. La prohibición de viajar a Puerto Rico y a territorio de la Unión a bibliotecarios cubanos que debían participar en cursos profesionales y congresos, se suma a la negativa a entidades culturales cubanas, como son Cubarte y la Biblioteca Nacional, a que puedan suscribirse por abono a bases de datos sobre literatura, como es SAFARI (safari.oreilly.com) y OCLC. No cabe dudas: bajo las leyes del bloqueo es imposible desarrollar una vida normal, y a tal realidad nada escapa.

En efecto, desde hace casi medio siglo los cubanos vivimos en condiciones de excepcionalidad. Quienes, como yo, tenemos menos de cincuenta años, hemos nacido y crecido bloqueados, y hemos tenido hijos y nietos que han nacido también bloqueados. La amenaza de experimentar en carne propia una agresión militar foránea jamás nos ha abandonado en todo este tiempo. Mientras tanto, una gran parte de "la prensa libre y objetiva" se ha dedicado a escudriñar en los rincones de nuestra vida, a demoler sin piedad la obra gigantesca de justicia social que hemos realizado en condiciones tan adversas, y a crear una Cuba virtual que es el peor de los sitios peores del planeta. En los últimos tiempos, con especial saña y un despliegue inusitado de mentiras escandalosas, una sección de esta artillería infernal se ha concentrado sobre la labor de las bibliotecas y los bibliotecarios cubanos.

¿De qué se nos acusa? ¿Cuáles son los graves pecados mortales que cometemos y que nos han ganado las más severas condenas de estos jueces implacables?

Cuba es el único país de los casi doscientos que componen la ONU que ha merecido, a los ojos del FAIFE de IFLA (Comité por el libre acceso a la información y la libertad de expresión), un análisis diferenciado y dos informes especiales, uno en 1999 y otro en el 2001. Hemos tenido el honor de recibir en nuestro suelo, en ese mismo año, a una amplia delegación de ALA y del FAIFE la cual recorrió libremente la nación y sus bibliotecas, las reales y las falsas, y se entrevistó con todas las personas que quiso, entre ellos, escritores, bibliotecarios, libreros y gente del pueblo. Mientras la Sra. Susan Seidelin, Directora del FAIFE, recorría los estantes de nuestras bibliotecas con una lista en la mano buscando, infructuosamente, las ausencias prometidas en cuanto a títulos y autores "censurados", un becario inglés, el Sr. Stuart Hamilton, recorría de "incógnito", recordando a los personajes de Graham Greene, las calles de La Habana, entrevistando a quienes clasificaban dentro de ese delicioso eufemismo de la propaganda y la guerra psicológica contra Cuba que son los llamados "bibliotecarios independientes".

A pesar de esa sospechosa fijación con Cuba, como si este fuese el país donde peor marchan las libertades y derechos intelectuales; como si fuese Cuba, y no los Estados Unidos, la nación que más aparece denunciada en la propia WEB del FAIFE por escandalosas violaciones de tales derechos y libertades; como si en algún lugar de Cuba se quemasen y prohibiesen libros de Mark Twain, Alice Walker e Isabel Allende, como ocurre en algunos lugares de los Estados Unidos, y constituyese parte del debate nacional la pertinencia o no de tener a "Harry Potter" en los estantes de las bibliotecas, la Resolución sobre Cuba aprobada con más del 86% de los votos emitidos por los delegados a la Asamblea General de IFLA, celebrada en el verano del 2001 en Boston, y vale la pena recordar, propuesta de manera ejemplarmente unida por bibliotecarios norteamericanos y cubanos, fijaba de manera inequívoca la posición de la comunidad mundial de la información con respecto a los así llamados "bibliotecarios independientes": "Exhortar al gobierno norteamericano a compartir ampliamente los materiales de información con Cuba, en especial con las bibliotecas cubanas y no solamente con "individuos y organizaciones no gubernamentales independientes" que representen los intereses políticos de los Estados Unidos."

No cabe dudas: para los delegados que en Boston votaron por la aprobación de esta Resolución, no se puede ser "independiente", mientras se represente los intereses políticos de un estado determinado, no importa si este sea los Estados Unidos o el Reino de Tonga.

En rigor, ¿qué se quiere subrayar con el uso del adjetivo "independiente" junto al sustantivo "bibliotecario", cuando se aplica al caso cubano?

En primer lugar, se da por sentado que todos los demás bibliotecarios cubanos, o sea, los miles que estudiaron durante años y rindieron exámenes para ejercer la profesión; que trabajan diariamente en muy adversas condiciones, desplegando una admirable creatividad y espíritu de sacrificio para que nuestro pueblo sea, como lo es, uno de los más cultos del planeta, son bibliotecarios "oficialistas", por el simple hecho de recibir su salario del gobierno. Siguiendo esta misma lógica, ¿cómo llamar entonces a la inmensa mayoría de los bibliotecarios del mundo que trabajan en el sector público de sus respectivos países, o sea, que reciben los salarios de sus gobiernos, cuando estos, como se sabe, están en condiciones de hacerlo y no se vean obligados a efectuar recortes presupuestarios, como está ocurriendo, ahora mismo con las bibliotecas del país más rico de la Tierra?

Por otro lado, si el criterio decisivo para llamar "oficialistas" a unos bibliotecarios e "independientes" a otros depende de quién paga sus servicios, entonces estos últimos no podrían ser llamados así, pues no trabajan para el estado cubano, pero sí para el norteamericano, como ha sido fehacientemente demostrado, incluso, como han declarado ellos mismos a bibliotecarios extranjeros que los han visitado. Se conocen, y existen pruebas irrefutables, acerca de las tarifas de sus servicios, acerca de los equipos que reciben, los libros que se les hacen llegar a sus casas directamente en las furgonetas de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, y de las generosas visas que reciben ellos y sus familiares para emigrar, cuando se les quiere premiar por los servicios rendidos.

En segundo lugar, si el criterio para delimitar a unos y otros depende de la filiación ideológica de cada cual, entonces se complica aún más el asunto. La inmensa mayoría del pueblo cubano apoya a la Revolución. Si esto no fuese así, no podría haber resistido tantos años de asedio, bloqueo y agresiones, que van desde atentados terroristas, como el de 1973, en Barbados, hasta invasiones como la de Bahía de Cochinos, en 1961, las amenazas nucleares, en 1962, y la introducción de plagas y enfermedades. Los bibliotecarios cubanos y sus organizaciones profesionales apoyan a la Revolución, y esto lo decimos en voz alta y clara, pues nos enorgullece, es un derecho que ejercemos a la luz del día y no nos avergüenza. Ni un solo intelectual importante, ni un solo profesional de la información, ni un solo escritor ha podido ser reclutado para esta campaña subversiva. ¿Pueden demostrar los llamados "bibliotecarios independientes" que no trabajan para derrocar a la Revolución; que no reciben órdenes políticas y financiamiento millonario de las entidades del gobierno de los Estados Unidos encargadas de subvertir el orden institucional cubano, como es el caso de "Freedom House" y la USAID, por citar solo las que lo hace públicamente, y que más que bibliotecarios actúan como conspiradores que violan las leyes del país al servicio de una potencia extranjera hostil? Dicho sea de paso, en el US Code, en la Sección 180, se establecen penas de diez años de prisión para aquellas personas que trabajen para una potencia extranjera hostil a los Estados Unidos desde su territorio, tal como lo ha demostrado en un reciente artículo James Petras. En las leyes cubanas, como en las norteamericanas, la figura del "intrusismo profesional" aparece como infracción punible: eso, y no otra cosa, es autoproclamarse "director" de una biblioteca e invadir fraudulentamente el terreno de una profesión, recibiendo por ello retribución monetaria. Estos "valientes y esforzados freedom fighters", como gustan llamarlos sus defensores, ganan en un mes, en sus casas, sin trabajar, 2,2 veces lo que yo gano mensualmente como Director de la Biblioteca Nacional de Cuba, encargada de dar servicios diariamente a cerca de 400 usuarios y conservar una colección de más de 3 millones de documentos.

¿Estamos en presencia de un tema profesional, de los que se vinculan con los principios generales que todos compartimos en nuestra noble profesión o, por el contrario, de una discusión política, relacionado con la acción de activistas políticos al servicio de la guerra total declarada por diez administraciones sucesivas del gobierno de los Estados Unidos contra la Revolución cubana? Si coincidimos que no se discute aquí de las aplicaciones y actualizaciones del Sistema Dewey, ni de las metadatas, ni de cuestiones vinculadas con la preservación del patrimonio bibliográfico o digital de las naciones, tampoco de los caminos para fortalecer la colaboración entre los bibliotecarios cubanos, canadienses y norteamericanos, entonces, ¿de qué discutimos cuando, a pesar de lo acordado en Boston, se persiste en llamar "bibliotecarios independientes" a quienes no lo son; cuando en nombre de principios que no se exigen al gobierno de los Estados Unidos, que viola el libre flujo de ideas y de información con sus leyes referidas a Cuba, se condena a la víctima, porque es pequeña y débil, en vez de condenar al verdugo, porque es grande y poderoso?

No cabe la menor duda: no estamos en presencia de un tema profesional, sino político, por lo tanto me pregunto si las organizaciones profesionales, como las que han convocado esta Conferencia, deban alejarse de su misión profesional adoptando posturas políticas en una u otra dirección. Y agrego: ¿podría adoptarse postura alguna con relación a la situación interna de Cuba desligándola de sus condicionantes externos, y en primer lugar, del bloqueo y el acoso redoblado que sufre por parte del gobierno norteamericano? ¿Estarían dispuestas estas organizaciones, a partir de este precedente, a emitir declaraciones y adoptar posturas claras acerca de los innumerables problemas políticos que corroen al mundo moderno? ¿Lo harían, por ejemplo, con relación al conflicto israelo-palestino, o a la no concluida guerra contra el pueblo irakí? ¿Lo han hecho para condenar una guerra, como esta, que provocó no sólo miles de víctimas inocentes entre la población civil para beneficio de los intereses del complejo militar-industrial y las trasnacionales del petróleo, sino también la destrucción y el saqueo de la Biblioteca Nacional, del Museo Nacional y de decenas de otros importantes centros que eran patrimonio de la humanidad? La campaña contra Cuba que tiene lugar por estos días persigue como objetivo final el crear el clima propicio de aislamiento y descrédito para agredirla militarmente. No en vano los círculos más reaccionarios del exilio cubano de Miami trabajan frenéticamente por hacer realidad la consigna cargada de odio y frustración que enarbolaron al realizar el único acto público celebrado en el mundo en apoyo a la guerra contra el pueblo irakí: "Irak now, Cuba later". Una agresión militar contra Cuba, dicen, es la única vía posible para "resolver" el problema cubano, y al hacerlo se sitúan en el mismo punto que el gobierno norteamericano al reducir aún más los ya de por sí reducidos intercambios académicos y culturales con la isla, y también de la Comunidad Europea, al prácticamente prohibirlos: es el reconocimiento tácito de su derrota en el intercambio de ideas con Cuba, en el intercambio pueblo a pueblo. ¿Qué les queda, entonces, después de haber usado, sin éxito alguno, todos los métodos posibles, sino los bombardeos y la invasión, aún cuando esto provocará la pérdida de cientos de miles, quizás de millones de vidas humanas, y no sólo cubanas?

Desde los lejanos días en que los cubanos pelearon prácticamente solos por su libertad durante treinta años, somos un pueblo que nada espera de otros gobiernos, sino de otros pueblos. Sabemos bien que a través de toda la historia mucho aliento y solidaridad hemos recibido de los pueblos de los Estados Unidos y Canadá: es lo que esperamos en estos momentos trágicos, cargados de peligros, cuando vuelve a jugarse el destino de la humanidad en una isla del Caribe.

Eso esperamos de los colegas que asisten a esta Conferencia. Eso sienten y desean los miles de bibliotecarios cubanos reales, esos que jamás han sido ni serán entrevistados por los grandes medios informativos, pero que en este mismo momento le descubren a nuestros niños el placer inolvidable de descubrir su primer libro.


Eliades Acosta Matos, Director de la Biblioteca Nacional "José Martí", La Habana, Cuba.



[    subir    ]
ENVIAR CORREOIMPRIMIR
Secretaría Ejecutiva / Telefax: (58 212) 863 0557 / Caracas - Venezuela

Todos los derechos reservados. Caracas, Venezuela, 2003. Producido por: Seventeen Design