Vol. 5 Nº 1, enero - mayo 2006, ISSN 1690-0723


 

“Por naturaleza,
todos los hombres desean conocimiento”, Aristóteles


 
El papel de las bibliotecas y los centros de información en la construcción de la sociedad del conocimiento

Eduardo Orozco Silva

Resumen

Se presenta una reflexión sobre el papel de las instituciones de información (bibliotecas, centros de servicios de información, institutos de información y otros) en la construcción de la sociedad del conocimiento. Se parte del reconocimiento de la necesidad de un enfoque más completo que el actual sobre el contenido de la sociedad del conocimiento y la relación de ésta con las instituciones de información, a los cuales se entiende como actores principales del cambio de la sociedad a la vez que entes cambiantes ellos mismos gracias a los nuevos avances tecnológicos. Se identifican los roles de las instituciones y de los profesionales de información, así como el papel de los gobiernos en la nueva situación.

Palabras clave

Sociedad del conocimiento, sociedad de la información, bibliotecas, centros de información, instituciones de información, profesionales de información.

Introducción  

Hoy se ha hecho evidente que pasó el tiempo en que el bibliotecario y el profesional de información en general eran especialistas relegados a un área tranquila y de consulta ocasional en las instituciones. Son omnipresentes: están dispersos por el edificio, su trabajo se refleja directamente en el contenido de cada base de datos que consultamos y lo más frecuente es que leamos cada día un artículo científico, una noticia o un discurso, que han sido compilados, ordenados y procesados por personas que desconocemos, de un país que no hemos visitado y cuyo idioma nativo no entendemos. Todo ello, gracias al trabajo de los profesionales de información, donde quiera que estén. Por otra parte, los problemas relacionados con la toma de decisiones son cada vez más complejos, y por ello cada día son más necesarios los productos y servicios informativos, en particular los de alto valor añadido, en medio de un mundo caracterizado por la globalización, la hiper-competencia y la hiper-información. Afortunadamente, aunque la cadena de creación de valor en el proceso de información es cada vez más larga y complicada, es también más productiva, gracias al desarrollo logrado por todos los vinculados al mundo de la información.

Es decir, cada día los bibliotecarios y los profesionales de información son más importantes. Porque cada día hay más información que poner al alcance de otros, más información que analizar y cada vez se requieren productos y servicios de información con mayor valor añadido. Ello implica que se requiere de estos profesionales y de sus entornos laborales (por antonomasia, las bibliotecas) un compromiso cada vez más estrecho con la sociedad. Además, y esto es sumamente importante, continuamente se hace más claro que la única manera de lograr verdadero desarrollo humano mediante la sociedad del conocimiento, es poniendo al alcance de todos la información en la que se registra el conocimiento que ha sido generado por todos. Pero ello no depende únicamente de las ciencias y las tecnologías de la información, depende mucho más de la voluntad de los decisores, de la aproximación ética apropiada para facilitar el acceso y el intercambio y del marco regulatorio adecuado para que ello sea posible. Depende, sobre todo, de la voluntad política, no ya para compartir información, sino para lograr que los recursos sean suficientes y estén a (la) disposición de las grandes comunidades que producen conocimiento en todo el mundo y requieren acceder al conocimiento generado por otros. Es decir, el desarrollo humano, entre otras cuestiones cruciales, depende de que se cierre la llamada brecha digital.

Lo anterior puede decirse de otra manera: La sociedad del conocimiento se construye por etapas pero no por partes: debe construirse por todos y para todos. En esa labor, las bibliotecas y los bibliotecarios son actores de primera línea.

¿Sociedad de la información o sociedad del conocimiento?

Por naturaleza, todos los hombres desean conocimiento ”. Así escribió Aristóteles en su obra titulada Metafísica , 300 años antes de la que llamamos “nuestra era”. En esta era nuestra, las palabras de Aristóteles tienen total validez y no sólo los hombres a nivel individual desean conocimiento, sino que también las organizaciones de todo tipo y las sociedades en su conjunto lo desean, lo buscan, lo crean, lo utilizan y lo aplican: Esa es la esencia de la sociedad del conocimiento.

Mucho tiempo después que Aristóteles, en 1597, Sir Francis Bacón escribió en las Meditaciones Sagradas: “ conocimiento es poder”. Al paso del tiempo, no hace muchos años, cuando las grandes empresas productoras de bases de datos comenzaron a establecer su negocio, se decía “información es poder”, en reconocimiento a la importancia de la información pero obviando que lo verdaderamente importante es el conocimiento que se crea a partir de la información.

Cuando en la década de los años ochenta apareció la concepción de la sociedad de la información, se extendió una visión de la misma en función del uso intensivo de las redes y las tecnologías de información y con ello la producción de grandes cantidades de bienes y servicios de información, como expresión de la llamada industria de la información [ 1 ] , un enfoque dirigido principalmente hacia los aspectos productivos y de infraestructura, y con poco o ningún énfasis en los contenidos y en los aspectos humanos y sociales. Este enfoque no ha sido limitado a aquel momento fundacional, sino que se mantiene muy difundido. Una muestra de ello es que algunas de las más importantes organizaciones mundiales relacionadas con el tema, al hacer la medición de los avances de la sociedad de la información, utilizan principalmente indicadores vinculados a la tecnología y la infraestructura.

Tal es el caso de los indicadores de desarrollo tecnológico propuestos por la Comisión de Desarrollo Tecnológico de la ONU, a saber (2) : gastos en investigación-desarrollo (I&D), cantidad de personal en I&D, porcentaje de población involucrada, exportaciones de alta tecnología, número de “hosts” en Internet, líneas telefónicas móviles y fijas, número de usuarios de Internet, alfabetización, PIB per cápita, costo de las llamadas telefónicas, tráfico promedio de telecomunicaciones, mercado de proveedores de servicios de Internet, competencia de servicios de Internet. Situación similar ocurre con otros organismos protagónicos en la sociedad de la información, como la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que mide el índice de acceso digital, mediante indicadores como número de conexiones telefónicas y alcance de las redes, precio de los servicios y su alcance, alfabetización y conocimientos de elementos de informática y otros (3). En casi ningún caso se valora la función de creación de contenidos, sino que el elemento general más considerado es la posibilidad de acceso a contenidos creados en otro lugar.

En el informe de la UNESCO sobre el estado de la investigación en la sociedad de la información (4), preparativo de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información (Ginebra, 2003, Túnez, 2005) se reconoce que el sólo hecho de la creación de la sociedad de la información, en la concepción definida más arriba, no es suficiente para lograr el desarrollo humano a escala global. La UNESCO indica que es necesaria una visión más completa y compleja y una perspectiva de desarrollo para lograr la sociedad del conocimiento, en lugar de la visión más parcial de la sociedad de la información. Por otra parte, en el informe de la UNESCO sobre la medición y monitoreo de la información y la sociedad del conocimiento (2), se plantean varias preguntas cruciales para que las sociedades del conocimiento se conviertan en una realidad y ofrezcan un espacio de alcance mundial para la interacción y el intercambio:

•  “¿Cómo podemos garantizar acceso a todos a los recursos intelectuales y de información y sobrepasar los obstáculos sociales, culturales y lingüísticos?

•  ¿Cómo promover la publicación en línea de cada vez más diversificados contenidos, (para que sean) una fuente de enriquecimiento para la humanidad?

•  ¿Cómo debemos actuar para que esta revolución de las mentes y los instrumentos no sea meramente el privilegio de un pequeño número de países altamente desarrollados?”.

Las preguntas anteriores, en esencia, reconocen una de las características esenciales de la información: su horizontalidad, como el más universal de los instrumentos de desarrollo: ningún campo de acción del ser humano es ajeno a la información, de modo que es vital la comprensión de que el tratamiento de la información , únicamente en los entornos académicos , no produce los resultados que de ella se necesitan. Es decir, se requiere visualizar la información y todos sus elementos, productos y servicios, como vitales en todos los entornos sociales y organizacionales, no sólo los académicos, por lo que la comprensión de la sociedad del conocimiento y sus bases requiere de una visión global muy amplia y completa. En tal visión, es imprescindible reconocer los pilares fundamentales de su construcción y sustento : Educación, acceso a la información y a las tecnologías de la información y las comunicaciones, desarrollo científico, tecnológico, social y económico. En este enfoque, la base estructural de la sociedad del conocimiento está constituida por el entramado de las tecnologías de información y comunicación en su interrelación con la gestión de la información. Sobre esa base, las dos columnas principales de esta nueva construcción, o sea, la educación por una parte y la creación de nuevos conocimientos en ciencia, e innovación por la otra, son los soportes de la nueva sociedad y por tanto, de su desarrollo cultural , social y económico, el cual influye a su vez sobre la sociedad toda y promueve su evolución. En tal sociedad, las bibliotecas y los centros de información, como servicios que organizan la información para facilitar su uso, renuevan y refuerzan su papel y su influencia, con su presencia tanto en la base estructural como en los pilares de esa nueva mega construcción: la sociedad del conocimiento.

El papel de las bibliotecas y los centros de información

Desde Alejandría hasta hoy, las bibliotecas son los puertos donde descargan los barcos del conocimiento y desde donde lo extraen los distribuidores y usuarios. Sin embargo, el papel de los centros de información y las bibliotecas en la sociedad de la información, no ha sido debidamente reconocido. Ese papel se manifiesta de diversas maneras, como:

•  Vías de acceso a la información, de contacto con las tecnologías y de creación de nuevo conocimiento,

•  vínculo importante entre las tecnologías de la información y las comunicaciones y los usuarios de la información, en particular los niños y jóvenes,

•  agentes del desarrollo, por sus facilidades para la producción de contenidos, gracias al acceso a conocimientos locales y universales,

•  centros comunitarios de acceso a la información, en particular en los países subdesarrollados, cuyas dificultades financieras y de infraestructura no permiten el acceso universal a las redes internacionales desde todos los puestos de trabajo o desde todas las viviendas,

•  centros de recogida de datos para facilitar el conocimiento de varios aspectos de las sociedades a las que sirven,

•  elementos imprescindibles en el proceso que va desde la inclusión digital hasta la inclusión social, por su carácter público y generalmente gratuito,

•  partícipes importantes en la garantía de democracia, mediante su función facilitadora de la creación de cultura en la población,

•  actores en el proceso de aprendizaje a lo largo de toda la vida, acompañando el cambio de paradigma del enfoque social de la educación como proceso unívoco, desde el profesor a los alumnos, hacia el aprendizaje, como proceso desde el alumno a múltiples profesores y colegas, gracias a las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones e

•  instrumentos de protección de la variedad cultural y lingüística.

Estos nuevos roles han sido reconocidos en varios ámbitos. En el entorno latinoamericando, han sido de particular importancia para ello varios foros preparatorios de la Cumbre Mundial de la Información (Túnez, noviembre 2005) en particular el Compromiso de Rio de Janeiro (5).

El papel del profesional de información en la actualidad

El cambio actual en las instituciones de información, está siendo acompañado por un cambio radical en el profesional de información. Tradicionalmente, el bibliotecario ha tenido un grupo de funciones que podrían resumirse en: facilitar el acceso a información, contribuir a organizar el conocimiento disponible en su acervo, a la vez que conservarlo como parte del patrimonio de la organización y formar a los usuarios para el mejor uso del acervo (6).

Las funciones mencionadas han cambiado, sin alterar su esencia: han aumentado su alcance e impacto. Cada vez más, el nuevo profesional de información es integrante activo del equipo de trabajo. Ya sea como intermediario, ( online information broker, figura que surgió en la década de los ochenta, cuando el difícil acceso a las bases de datos en línea lo requería inevitablemente), hasta el referencista avanzado en Internet, que entre otras tareas contribuye a encontrar lo que otros no consiguen en el Web profundo; o desde el Web master hasta el especialista que analiza información, crea y maneja mapas tecnológicos para la toma de decisiones científicas, de innovación o empresariales. Nunca más que ahora, el bibliotecario trabaja en red y contribuye a que otros lo hagan. Esto tiene una manifestación práctica cuando se les incorpora a los estudios de inteligencia empresarial y vigilancia tecnológica y cuando forman parte de trabajos de prospectiva. Por tanto, su papel social se acrecienta, no sólo al conectar a más personas para intercambiar conocimientos, sino como profesional de información capaz de crear en la propia institución los espacios para la gestión del conocimiento común de la organización. Por otra parte, en la institución se exige más del profesional de información, de quien se espera que su capacidad para añadir valor a la información sea su característica principal y más destacada, en el camino a la creación de conocimiento colectivo y con ello, la solución de problemas.

Es una percepción del autor que las instituciones y los profesionales de información deben contribuir más activamente al reconocimiento de su papel por parte de todos los actores sociales. La causa de tal participación insuficiente estriba principalmente en el origen de la sociedad del conocimiento como sociedad de la información, con énfasis en la infraestructura tecnológica, sin atención suficiente a la creación de contenidos, como se vió más arriba. En algunos países, los principales actores sociales están comenzando a re-construir esa visión, en sentido positivo.

Reconocimiento gubernamental al nuevo rol de las instituciones de información

El nuevo rol de las instituciones de información, esbozado más arriba, está siendo explícito en un grupo de acciones de gobiernos y entidades gubernamentales en varios países. Esto se recoge en una investigación en curso a cargo del autor del presente trabajo, donde se examina el papel actual de las instituciones de información científica y tecnológica [ 2 ]. Algunos de los resultados parciales del trabajo mencionado son los siguientes:

•  La mayor parte de los países desarrollados y los más avanzados en ciencia y tecnología en Asia y América Latina, han creado institutos de información científica y tecnológica en los últimos 30 años, con la intención de aprovechar la sinergia entre ciencias y gestión de la información y las tecnologías de la información y las comunicaciones, como expresión del desarrollo económico y para coadyuvar al establecimiento de la sociedad de la información. Estos institutos parecen evolucionar positivamente y son fuerzas dinamizadoras de la ciencia y la innovación en sus países.

•  Las instituciones estudiadas, además de la prestación de servicios de información científica y tecnológica, la contribución a la difusión de la ciencia y la tecnología y la creación de bases de datos, tienen como funciones principales las siguientes: integración de las ciencias de la información, la gestión de información y las tecnologías de la información y las comunicaciones; desarrollo de proyectos y programas de investigación, servicios de información estratégica, desarrollo de los recursos humanos, establecimiento y funcionamiento de los sistemas nacionales de información, propuesta de las bases para la aprobación y establecimiento de políticas nacionales de información y desarrollos metodológicos.

•  No obstante la fuerza del mercado como orientador de acciones políticas e institucionales en algunos de los países más industrializados, el establecimiento de sistemas nacionales de información parece ser una estrategia utilizada por varios de esos países para lograr avances en materia tan estratégica como la información. En la mayor parte de los casos en que no se han establecido sistemas nacionales, las grandes instituciones de información han procedido de la fusión de otras grandes instituciones anteriores, para dar paso a una visión holística y más moderna del tema en cuestión.

•  En los países estudiados, los gobiernos parecen garantizar su autoridad sobre el establecimiento de las políticas y estrategias nacionales, mediante la subordinación de los institutos a sus órganos de gobierno y la entrega a los mismos de los presupuestos necesarios para la realización de sus actividades.

Aunque algunos gobiernos han comenzado solo recientemente a identificar la necesidad de su verdadero papel protagónico en la construcción de la sociedad del conocimiento, es notable la intención de no abandonar tal asunto, por su importancia estratégica, únicamente a las fuerzas del mercado. No obstante, no se puede asegurar que la mayor parte de los gobiernos estén tomando tales acciones, por lo que ello debe constituir un alerta para las instituciones, asociaciones y sociedades de profesionales de información y los profesionales mismos como individuos con un deber social. Los resultados parciales del estudio mencionado, esbozados más arriba, parecen ser una línea adecuada de acción de los gobiernos en general, que debía ser seguida por muchos otros, para garantizar que no sean intereses particulares los que guíen la evolución de la sociedad del conocimiento, sino que lo haga la sociedad misma en su conjunto.

Conclusiones

La sociedad del conocimiento es un hecho innegable que no alcanza a todos por igual y que por lo contrario, se ha constituido hasta el momento en un elemento más de diferenciación social y económica. Las instituciones de información tienen un rol como actores fundamentales en la construcción de tal sociedad pero a la vez, en facilitar en esa tarea la participación y beneficio de todos los elementos sociales, de modo que se constituya en un elemento de unión y no de diferenciación.

El protagonismo de las instituciones y los profesionales de información no ha sido debidamente reconocido todavía, por lo que se impone que ellas mismas actúen más pro-activamente para conseguirlo. Para ello, posiblemente lo más importante es hacer ver que la visión de la sociedad de la información, tal como ha predominado hasta el momento, es una visión incompleta que debe dar lugar a la visión de la sociedad del conocimiento. Esta situación no implica el abandono de los roles anteriores, sino su intensificación gracias al uso de las nuevas tecnologías, así como la incorporación de nuevos roles, para los cuales los profesionales de información están mejor preparados que cualesquiera otros, por lo que constituyen un deber social.

El papel de las organizaciones internacionales y de los gobiernos en este empeño es sumamente importante, en particular en el establecimiento de políticas nacionales de información, que propicien estrategias y acciones concretas para la consecución de una sociedad del conocimiento verdaderamente inclusiva.

Bibliografía

Consultoría BioMundi, Instituto de Información Científica y Tecnológica. El mundo en hechos y cifras: La industria de la información. IDICT. Cuba, 1996. ISSN: 1027-2845.

UNESCO. Measuring and monitoring the information and knowledge societies: a statistical challenge. UNESCO Institute for Statistics, Montreal . UNESCO Publications for the World Summit on the Information Society. 2003.

Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), http://www.itu.org/CMSI. Consultado: 27 de septiembre de 2005.

UNESCO. Status of Research on the Information Society. Edited by Kwame Boafo. UNESCO Publications for the World Summit on the Information Society. 2003.

Conferencia Regional Ministerial de América Latina y el Caribe, Preparatoria para la Segunda Fase de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información. Compromiso de Río de Janeiro. Río de Janeiro, Brasil, 10 de junio del 2005.

Edwards, Christopher. Global Knowledge: a Challenge for Librarians, IFLA Journal , Vol. 27, No. 2 (2001), pp. 65-69.

 

[ 1 ] Se entiende por industria de la información, el conjunto de organizaciones, con sus interrelaciones, que desarrollan y crean productos, servicios y tecnologías de información transables en el mercado. Se habla de la existencia de la industria de la información, cuando la producción y los servicios ofrecidos al mercado y a la sociedad en su conjunto alcanzan valores que la puedan diferenciar de la producción artesanal y cuando los resultados de esa industria tienen una influencia reconocida sobre el mercado y la sociedad. La industria de la información comprende no solo el procesamiento, almacenamiento y distribución de información, sino también la producción de las tecnologías informáticas y los servicios telemáticos necesarios para la distribución de la información a distancia.

[ 2 ] La investigación se realizó mediante el estudio de: misión, funciones, servicios, subordinación y otros elementos de las principales instituciones de información de los siguientes 19 países: Argentina, Brasil, Canadá, Chile, China, Colombia, Corea del Sur, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, India, Italia, Japón, Malasia, Rusia, Taiwán y Vietnam.



 
Eduardo Orozco Silva
Instituto de Información Científica y Tecnológica (IDICT), Capitolio Nacional, Prado y San José, Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba.
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Síntesis curricular
El autor es director general del Instituto de Información Científica y Tecnológica (IDICT), del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de la República de Cuba. Ha trabajado en el campo de información por más de 25 años, ocupando diferentes responsabilidades. Antes de desempeñarse como director general del IDICT, dirigió la Consultoría BioMundi, centro de inteligencia empresarial. Ha publicado e impartido cursos y conferencias en varios países. Es Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior de Tecnología y Ciencia Aplicada.

 




 



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