Vol. 7 Nº 1 y 2, enero - junio 2008, ISSN 1690-0723
 
 
 
Milagros del Corral
   

Entrevista a Milagros del Corral, Directora General de la Biblioteca Nacional de España

Nacida en Madrid, Milagros del Corral es Licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid y pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos del Estado. Vinculada durante años a la UNESCO, donde ha sido Subdirectora General Adjunta de Cultura y Directora de la División de Arte e Iniciativas Culturales, Milagros del Corral es desde el pasado mes de septiembre la nueva Directora General de la Biblioteca Nacional de España. Sintiéndose como una bibliotecaria más y con gran cantidad de proyectos estimulantes en su mente comienza su andadura con la intención de superar los turbulentos tiempos por los que ha pasado la institución e intentar ganar la credibilidad y, por tanto, el prestigio que se merece este centro de referencia.

¿Dirige usted la cabecera del sistema bibliotecario español, ¿en qué medida cree que las bibliotecas reflejan el desarrollo de un país?
Dirijo la Biblioteca Nacional, sin duda la primera Biblioteca del país en razón de sus impresionantes colecciones, constantemente enriquecidas con el depósito legal de todas las obras publicadas en España. Tenemos la vocación de ser un centro de referencia – concepto que prefiero al de “cabecera” – para todas las bibliotecas y para ello, debemos esforzarnos en  prestarles mejores servicios que puedan estar accesibles a todos desde el Perfil Bibliotecario que ya tenemos accesible en nuestra Web. En esta misma línea, también es importante coordinarnos mejor con las asociaciones profesionales representativas de nuestra profesión. Así lo hemos convenido en las reuniones que ya he mantenido con los Presidentes de  FESABID, SEDIC y ANABAD.

¿Cree que la profesión bibliotecaria está debidamente valorada y reconocida en España?
Lamentablemente, creo que no. Todavía y ante amplios segmentos de la sociedad,  tenemos una imagen  desfasada por lo que respecta a la realidad cuando nuestra profesión tiene más sentido que nunca en tiempos de globalización que conocen una avalancha de información accesible que no todos los ciudadanos están en condiciones de manejar, seleccionar y asimilar para sus fines. No hemos aún conseguido que nuestro trabajo como mediadores de la información digitalizada se reconozca y esta me parece una cuestión que hemos de abordar con carácter de urgencia. Simbólicamente, desde la Biblioteca Nacional queremos aprovechar el 150º aniversario de la creación del Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios, que celebraremos en 2008,  para desarrollar el mensaje de la actualidad de nuestra profesión.

¿Por qué cree que ha sido elegida para ocupar este importante puesto?
Pues en realidad lo ignoro porque, tras tantos años de ausencia de España, lo normal hubiera sido que nadie se acordara de mi existencia. Supongo que todo se debe a la voluntad política del Ministro Molina de profesionalizar y despolitizar las grandes instituciones de la Cultura, claramente reflejada en el Plan de Modernización de las Instituciones Culturales, recientemente aprobado por el Gobierno. En ese contexto, alguien le debió hablar de mí, porque ni nos conocíamos personalmente, y quizás pensó que mi trayectoria profesional encajaba con sus propósitos. Gracias a Google, para bien o para mal, todo se sabe y sobre mí existen miles de ocurrencias en decenas de idiomas que pueden recuperarse por ese procedimiento.

¿Ha cambiado mucho su vida desde su nombramiento?
Pues claro, mi vida ha cambiado notablemente. Tras dejar la UNESCO, yo me preparaba a una vida más tranquila, dedicada a mis cosas: volver a escribir, tarea demasiado abandonada en los últimos años por falta de tiempo, disfrutar de la lectura sosegada olvidando para siempre la “lectura diagonal”, volver a practicar la música y la pintura… es decir, tener al fin tiempo para mí, que he venido distribuyendo entre mi vida en Madrid, aceptando algunas consultorías y manteniendo mis relaciones con las Fundaciones internacionales de cuyos consejos de administración soy miembro, y mi vida en Popayán (Colombia) donde vive mi marido, en medio de una naturaleza esplendorosa y rodeada de caballos, mi otra pasión. Con estas pistas, ya se puede imaginar como ha cambiado mi vida…

¿Qué recuerdos tiene de las primeras bibliotecas que utilizó en su infancia y juventud?
Yo tuve la suerte de nacer en una familia de lectores empedernidos y en una casa llena de libros. La biblioteca de mi padre, historiador de Madrid con más de 150 publicaciones a las espaldas, fue en realidad mi primera biblioteca. Después vinieron la modesta Biblioteca Municipal de un pueblito de la provincia de Toledo (siempre estaba cerrada pero se podían pedir libros prestados y la niña que yo era entonces era una de las pocas que le sacaba partido al sistema) y luego la de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense y la Biblioteca Nacional donde trabajé mucho durante mi vida estudiantil. Ambas tenían un aura especial aunque no se puede decir que el lector beneficiara de protagonismo alguno. Eran otros tiempos y nunca pude conocer a los bibliotecarios. Debían andar muy ocupados en sus despachos cerrados y la consigna era no molestar. Nuestro contacto con la biblioteca se desarrollaba a través de los bedeles, muchos de los cuales, por cierto, eran jubilados de la Guardia Civil.

¿Cómo comenzó su relación profesional con el mundo de las bibliotecas?
Mi relación profesional con las bibliotecas empezó tras haber ganado la oposición al entonces Cuerpo de Auxiliares de Archivos y Bibliotecas. Como tal, trabajé en la Facultad de Derecho de la Complutense mientras seguía cursando mis estudios de Filosofía. Tras mi matrimonio y consiguiente traslado a Hannover (Alemania) trabajé allí durante cuatro años en un centro de documentación técnica, muy avanzado para la época, lo que me permitió participar en vivo y en directo en la revolución de la entonces llamada automatización bibliotecaria. Cuando regresé a España, reingresé como Auxiliar en el Instituto Bibliográfico Hispánico, entonces ubicado en el edificio de la Biblioteca Nacional. Me presenté a las oposiciones al Cuerpo Facultativo, las gané y volví a ser destinada a la Complutense donde se me encargó la creación de  la Biblioteca de la entonces recién creada Facultad de Ciencias de la Información y, más tarde, tras unos apasionantes años – los de la transición a la democracia - como Subdirectora General de Bibliotecas en el recién creado Ministerio de Cultura, volví a la Complutense como Vicedirectora de la misma. Por cierto, inútil decir que ni su situación ni sus recursos tienen nada que ver con los de hoy. En total, unos 12 años como bibliotecaria, más tarde complementados con mi etapa de 7 en el mundo editorial como Secretaria General de la Federación de Gremios de Editores de España, y los 16 que he dedicado al servicio de la UNESCO en su sede de Paris. Todo esto no hace sino poner de manifiesto lo vieja que soy…

¿El pasado mes de septiembre el Consejo de Ministros aprobó el Plan de Modernización de Instituciones Culturales. En este sentido, ¿qué proyectos se han puesto en marcha en la Biblioteca Nacional?
Mi propio nombramiento se inscribe ya en la filosofía del Plan. Además, estamos preparando una actualización de los Estatutos que dará mayor protagonismo al Real Patronato de la Biblioteca Nacional. La lista de los Patronos da una idea cabal de la representación de la sociedad civil en el mismo. Estamos empezando la tarea de diseñar el modelo de gestión por objetivos – una verdadera “première” en la Administración pública española - desarrollando ideas para el código de buenas prácticas (adopción de políticas transparentes que, una vez aprobadas por el Patronato figurarán en la red, en relación con las adquisiciones, donativos, reprografía, filmación de nuestros espacios y fondos, alquiler de espacios, etc.) pero también mecanismos de evaluación de resultados, de mejora de la comunicación interna  y la introducción de nuevos servicios a usuarios e investigadores, como la inclusión de fondos de referencia en todas las lenguas del Estado en régimen de libre acceso. Por ejemplo, acabamos de abrir en la Web, que pronto se podrá consultar en todas las lenguas del Estado, una rúbrica “Opine” para recibir comentarios, críticas y sugerencias de los lectores. Y, por supuesto, siguiendo la política ya adoptada de “puertas abiertas”, participa la Biblioteca Nacional participa en la “Noche en Blanco” y en la Jornada de Puertas Abiertas. Y ya hemos cerrado nuestro calendario de actividades culturales con ciclos, debates y exposiciones prestigiosas que buscarán acercar al ciudadano nuestras colecciones y nuestros trabajos. Estas actividades de extensión también incluirán dossiers de acción pedagógica para profesores y talleres de verano para niños.  Por otra parte, preparamos una reforma de la Ley de Depósito Legal que tome en consideración la protección y archivo del patrimonio digital (Internet) que esperamos vea la luz en la próxima legislatura, y estamos revisitando todos los convenios que tenemos suscritos con otras entidades e instituciones para sacar el máximo partido a la cooperación nacional e internacional. Y, por último, tras la puesta en marcha del nuevo sistema integrado de gestión de la Biblioteca, que tendrá lugar el próximo día 30 de octubre, nos aprestamos a iniciar el proceso de digitalización masiva de nuestros fondos, que, a través del portal “Biblioteca Digital Hispánica” vendrán a enriquecer la contribución española al ambicioso proyecto de Biblioteca Digital Europea. Ya tengo en mi agenda la celebración de una primera reunión con los Directores de las Bibliotecas Regionales de los gobiernos autonómicos, agencias del depósito legal en sus demarcaciones, en busca de una más estrecha y fluida cooperación. Como ve, nos hemos tomado muy en serio la puesta en marcha del Plan de Modernización.

¿El prestigio de la Biblioteca Nacional no se ha visto favorecido por ciertos acontecimientos ocurridos en los últimos meses. ¿Cómo cree que se puede aumentar dicho prestigio ante la opinión pública?
El prestigio se aumenta ganando credibilidad y haciéndolo saber. Los últimos tiempos han sido muy duros para la Biblioteca Nacional y estamos intentando superarlos a base de trabajar en proyectos estimulantes como los antes descritos. Confiamos en tener pronto muchas buenas noticias que transmitir a la opinión pública y esperamos que los medios nos ayuden. También tengo esperanza de que la Biblioteca Nacional pueda recuperar pronto los mapamundis de Ptolomeo que fueron objeto de incalificable expolio, con la ayuda de la Unidad del Patrimonio de la Guardia Civil cuya motivación y eficiencia me consta y con quienes estamos trabajando en perfecta sintonía.

¿Como especialista en derechos de autor, ¿cuál es su opinión sobre el canon por el préstamo de libros en las bibliotecas?
En España es un concepto nuevo que no se ha explicado suficientemente y por eso ha suscitado tanta polémica; pero existe hace más de 20 años en países como Alemania o Austria – el llamado “Bibliotheksgroschen” y esa positiva experiencia ha dado lugar ha sido recogida hace años por una Directiva de la Comisión Europea. Se aplica solo al préstamo domiciliario por entenderse que quien se ha prestado un libro, lo lee y ya no lo compra. En grandes proporciones, el préstamo supone un detrimento a la normal explotación de las obras protegidas. Desde la entrada en vigor de la Directiva, España ha venido arguyendo que su sistema bibliotecario estaba muy poco desarrollado y la medida no se justificaba dado el reducido volumen de los préstamos. Ahora, afortunadamente, ya no se puede decir lo mismo y nuestro país viene obligado a introducirlo. Se trata de una compensación a los autores basada en las estadísticas nacionales de préstamo, que implicará la introducción del rubro correspondiente en los presupuestos nacionales del Estado, sin repercusión alguna para los usuarios de las bibliotecas; en mi opinión, no se justifican las críticas de que ha sido objeto.

Para terminar, ¿qué puede decirles a tantos bibliotecarios españoles que esperaban contar con una técnica en la dirección general de la Biblioteca Nacional?
Simplemente que soy una de ellos que ha tenido la fortuna de poder realizar el sueño de todo bibliotecario. Que haré cuanto pueda por desarrollar una gestión digna de un profesional y que estoy muy agradecida a las innumerables muestras de apoyo, confianza y cariño que vengo recibiendo desde todas partes de España de muchos de ellos a los que ni siquiera conozco aún personalmente.

Mi Biblioteca
Año IV – Nº 12
Invierno 2008
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