RESEÑA HISTÓRICA SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA BIBLIOTECOLOGÍA EN NICARAGUA

Por Mario Arce Solórzano / Bibliotecólogo

La Enseñanza de la Bibliotecología en Nicaragua en su sentido no formal, ha sido en el devenir de su historia, una serie de experiencias empíricas primero, más un conjunto de asimilaciones de técnicas bibliotecarias adquiridas en forma oral y posteriormente a través de cursos especiales y especializados que iniciaron y se desarrollaron después de la II Guerra Mundial, hasta culminar en el establecimiento formal en la década de los años 70 con el establecimiento de la Escuela de Bibliotecología.

Dado la existencia de hitos históricos bibliotecarios documentados en el país más la influencia siempre creciente de la instrucción bibliotecaria que como influencia se introdujo desde el exterior desde la época colonial hasta nuestros días, son los fundamentos que nos hace plantearnos con mucha seriedad la temática en estudio y abordarla desde un aspecto histórico con sus debidas particularidades, es por eso que este estudio está basado en hitos de bibliotecas y bibliotecarios, en los cuales se descubre la existencia de una enseñanza empírica, técnica y profesional determinada, y que comprende de manera precisa un amplio panorama que se resume a continuación.

De 1542 – 1572: Escuelas de Indios vs. “Bibliotecas para Indios”

Se han documentado la existencia de Escuelas para Indios, fundadas en 1542 en León Viejo y extendidas en 1572 a El Realejo, Granada y Nueva Segovia. Deductivamente: si en 1542 se fundó la primera Escuela para Indios, en la entonces capital de la Provincia de Nicaragua, es de suponer que a esta escuela les acompaño en cierto momento una Biblioteca para Indios y con ella un bibliotecario con su respectiva instrucción, puesto que tales escuelas se extendieron a ciudades de gran importancia en la época colonial como lo fueron: la ciudad puerto de El Realejo; otra ciudad con puerto lacustre como lo fue Granada y la ciudad de Nueva Segovia en el norte del territorio provincial.

De 1695 a 1787: Instrucción bibliotecaria empírica con espíritu medieval

Nace en 1695 la primera Biblioteca en la Provincia de Nicaragua, de tipo escolar porque surgió en un centro de enseñanza que se mantuvo vigente por más de un siglo, se trata del Colegio Seminario San Ramón Nonato, ubicado en la ciudad de León, capital de la Provincia de Nicaragua.

Esta institución fue impactada por el avance de las ideas, el comercio, el desarrollo de la imprenta (introducida a Guatemala en 1660), y otros factores de desarrollo social que fueron llegando a la Provincia y en especial al Colegio Seminario, libros, documentos, “gazetas”, hojas sueltas, etc. desde Europa, principalmente de España, Francia e Italia y con ellos se fue alimentando la biblioteca de este importante centro de estudios.

Los eclesiásticos disponían de ideas bibliotecarias de esos países desarrollados y de alguna manera las ponían en práctica, aunque ellas conllevaran un espíritu medieval, con esa herencia dicho Colegio compiló mil volúmenes en más de un siglo, lo cual, muestra históricamente que ella contó y desarrolló determinadas técnicas bibliotecarias desde su empirismo, para la organización, disposición de libros, mobiliario y uso de ese gran acervo bibliográfico; este período histórico está marcada por el empirismo bibliotecario que llevaba como sello un espíritu religioso, ya que la Iglesia por tradición medieval era la encargada de la enseñanza en el Nuevo Mundo.

De 1800 – 1899: Instrucción empírica con espíritu liberal y presencia más acentuada de influencias bibliotecarias importadas de España

En lo que fue el Colegio Seminario Conciliar San Ramón con todo y los mil volúmenes de su biblioteca, se transformó producto del avance de las ideas liberales de la época en universidad menor primero y luego, el 24 de agosto de 1816 nació la Real Universidad de la Inmaculada Concepción de León.

Al nacer la Universidad de León, nace también con ella lo que hoy se conoce como la Primera Biblioteca Universitaria de Nicaragua. Esta biblioteca tuvo como base bibliográfica la colección completa de los libros de la biblioteca del Seminario San Ramón y posteriormente se engrandeció hasta alcanzar los cuatro mil volúmenes con donaciones bibliográficas de ciudadanos ilustres:

La instrucción empírica con respecto a los conocimientos bibliotecarios continuaba en esta época, pero con un espíritu liberal por la presencia de la universidad que vendría a darnos a conocer una figura más acentuada en la influencias de prácticas bibliotecarias procedentes de Europa, mayormente de España y Francia, que se reflejan en el siguiente testimonio:

“La Junta de Instrucción Pública que administra la Universidad de León, en sesión del 23 de diciembre de 1859, decidió nombrar Bibliotecario a Camilo Saravia con cuatro pesos mensuales de sueldo. Las responsabilidades que le asignaron fuero las siguientes:
  1. Tener en buen orden y aseo los libros en la pieza de sesiones de la Junta.
  2. Mantener abierta la biblioteca de 8:00 a.m. a 12:00 m., todos los días excepto los festivos.
  3. Recoger los libros prestados –identificados por una marca- y no permitir su consulta fuera de la pieza referida.
También en dicha sesión se encargaba al Rector hacer la entrega inventariada de los fondos [bibliográficos] existentes y a Hilario Ulloa proporcionar al bibliotecario dos mesas y seis asientos para el buen desempeño de su función.” (JEA, 1973: 27-28).

El año de 1859 marca oficialmente la profesionalización del trabajo bibliotecario en el país, este hito bibliotecario es muy importante para la historia de la Bibliotecas Nicaragüenses, es bueno preguntarse: ¿qué se puede aprender de este testimonio histórico?, cuando por decisión de las autoridades superiores de la Universidad de León, la Biblioteca Universitaria toma un doble giro hacia el progreso y el desarrollo de determinadas áreas bibliotecaria que se destacan como influencias bibliotecarias importadas del documento citado, y las que deductivamente señalamos a continuación: el Área Bibliotecaria Técnico-Administrativa y el Área Técnico-Bibliotecaria.

En el Área Técnico-Administrativa se destacan los siguientes elementos de vital importancia histórica para el estudio y desarrollo de las Bibliotecas en Nicaragua, estos elementos son: 1) Se comienza a ver a la Biblioteca como una Organización dentro de una Institución; 2) Se le respalda y apoya administrativa y económicamente, lo mismo que técnica y profesionalmente; 3) Se le proporcionaron los recursos humanos y materiales necesarios para su desarrollo y funcionamiento; 4) La Biblioteca se ve adscrita directamente a la parte académica y al rector como sus superior inmediato; y 5) La Biblioteca cumple con el objetivo de ayudar y apoyar los planes y programas educativos y culturales de la Universidad.

En el Área Técnico-Bibliotecario se destacan avances, aunque incipientes fueron oportunos y necesarios en esa época, además, esas "avances" sustentaban la función estructural de dicha biblioteca y dejan entrever algunas técnicas bibliotecarias, varias secciones o departamentos que actualmente son las divisiones internas y esenciales en cualquier tipo de biblioteca; esos "avances" técnicos bibliotecarios son los siguientes:

1) La Biblioteca posee y ocupa un lugar dedicado para ella; 2) A la Biblioteca se le da un rango muy significativo al dotarla de un Bibliotecario profesional; 3) Al Bibliotecario le dan funciones realmente derivadas de su oficio profesional: ordenar libros, horario de atención al público, prestar libros de acuerdo con su respectiva "marca" o clave de organización, no permitir que los libros salgan irregularmente de la Biblioteca, mantener aseados los libros; 4) En la Biblioteca existen guarda-libros a modo de incipiente estantería para guardar y organizar lo libros; 5) Se vislumbra una Sección de Circulación y Préstamo de libros; 6) Se observa una incipiente clasificación y catalogación de libros, con el asunto ese de la "identificación de los libros por medio de una marca"; 7) Con las dos mesas y los seis asientos se vislumbra una pequeña y necesaria Sala de Lectura o sala de Estudio y/o Consulta; y 8) Apreciamos una técnica bibliotecaria moderna: El inventariado de los fondos bibliográficos.

Estos fueron los principales aportes que brindó la experiencia bibliotecaria de la Universidad de León y que con el "correr del tiempo la “Universidad evolucionó y alcanzó el rango de nacional el 27 de marzo de 1947 y posteriormente conquistó su autonomía el 25 de marzo de1958. Así mismo evolucionó su biblioteca que hoy continúa existiendo y se conoce con el nombre de: Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, ubicada y localizada en la Ciudad Colonial de León.

El Decreto legislativo del 4 de marzo de 1871 hace surgir la Biblioteca de los Supremos Poderes de la República de Nicaragua, trae consigo varias noticias bibliotecarias importantes: 1) La Primera Biblioteca Especializada de Nicaragua, porque su acervo bibliográfico debía ir en concordancia con la labor legislativa (derecho, economía, política, historia y temas conexos), tanto del Senado como de la Cámara de Diputados; 2) Le fue asignado un local especial para su establecimiento y desarrollo; 3) Le fue asignado un empleado capacitado que en la reglamentación de dicho decreto sería denominado Archivero Bibliotecario; 4) Un Reglamento de ley que normaba todo su funcionamiento

El Reglamento de la Biblioteca de los Supremos Poderes fue promulgado en 1875, estaba compuesto de varias secciones y la sección que arroja más luz de influencias bibliotecaria externas es la segunda, en la que se destacan literalmente los siguientes términos del léxico bibliotecario, por ejemplo: Archivero Bibliotecario, inventario de libros, bibliotecario, archivero, Libro Inventario, préstamos de libros, verificación o consulta, entre otros.

Se observa un gran avance entre el bibliotecario de la Biblioteca de la Universidad de León y el Archivero Bibliotecario de la Biblioteca de los Supremos Poderes de la República, si el primero era instruido bajo un avanzado empirismo, el segundo ya tenía en la Ley y su Reglamento, no sólo un manual de funciones sino todo un tratado técnico-administrativo de bibliotecas y archivos, que debía auto-estudiar, es decir ejercer un auto-didactismo para llegar al dominio de la administración, organización y aplicación de las normas y técnicas bibliotecarias importadas al país a través de los sabios legisladores nicaragüenses que se las transmitían por medio de esos documentos jurídicos.

La creación de la Biblioteca Nacional también motivó y promovió dos instrumentos de enseñanza bibliotecaria, el primero fue el Reglamento de la Biblioteca Nacional del 28 de febrero de 1880 y el segundo, la publicación en 1882 del Catálogo General de Libros de que consta la Biblioteca Nacional de la República de Nicaragua.

El primer documento trae consigo un mayor avance y una mejor organización institucional, administrativa y técnica que el que se estableció para la Biblioteca de los Supremos Poderes. Estaba estructurado de una forma más científica, ya que destacaba secciones como: Organización de la Biblioteca; Del Bibliotecario; Concurrentes a la Biblioteca; Parte Penal y Disposiciones Generales. Y dentro de su contenido técnico bibliotecario se detectan modernas influencias como la organización de las colecciones por materia, registro permanente el libro inventario que distingue dos tipos de catálogos: General y de Registro, hace surgir el cargo, el perfil y las funciones del Bibliotecario Nacional, se establecen y amplían las normas para el préstamo bibliotecario, se destaca el cuido y conservación de periódicos.

Con respecto al Catálogo General, su formación, estructuración y publicación, evidencian un avance bibliotecario y envuelve una serie de influencias bibliotecarias españolas, primero, porque fue un intelectual español, Emilio Castelar, el encargado de seleccionar las obras que iban a constituir el primer acervo bibliográfico de la Biblioteca Nacional. Segundo, la estructuración del catálogo revelaba una riqueza cultural, científica, literaria, política, social, económica, entre otras. Tercero, fue clasificado en cuatro grandes temas: y dentro de cada gran tema reunía una cantidad de libros segmentados por sus contenidos específicos y Cuarto, en el aspecto de catalogación se distinguían los elementos bibliográficos de cada obra registrada, numerada y con sus respectivas descripciones particulares.

En resumen, los primeros decretos legales que inician la legislación bibliotecaria nicaragüense que se dio en la última parte del siglo XIX, los cuales contenían un léxico bibliotecario especializado, conocimientos de administración, organización y técnicas bibliotecarias, en un país sin representación de institución educativa bibliotecaria, hace deducir que los autores de tales documentos trajeron al país importadas del extranjero esos conocimientos y con ello se da a conocer la influencia e incorporación de los principales aspectos administrativos y técnicos sobre administración de bibliotecas, que venían directamente de España y de Francia en menor grado.

De 1900 – 1930: Empirismo en decadencia, Biblioteca Nacional y apropiación de técnicas bibliotecarias extranjeras

La Biblioteca Nacional con el conocimiento, experiencia y dedicación profesional, se pone al frente del desarrollo de nuevos aspectos técnicos bibliotecarios, en la administración de algunos de sus directores, donde el empirismo en la instrucción bibliotecaria va en decadencia, aunque no se mencionan cursos para bibliotecas, pero se observa que la apropiación de algunas técnicas extranjeras, es producto de un estudio o conocimiento auto-didacta de los funcionarios de esa trascendente institución.

Por ejemplo, entre 1897 y 1910, en la administración del Director Isidro Sotomayor surgieron y se pusieron en práctica las siguientes técnicas bibliotecarias: estadísticas mensuales de lectores y temas que consultaban; publicación de listas de nuevas adquisiciones, surgimiento y práctica del canje de publicaciones, se hace notar una incipiente Hemeroteca; presupuesto para la compra de libros; la disposición de los libros estaba organizada en anaqueles clasificados con las letras del alfabeto y numerados en el tramo o “cajón” correspondiente; se establece el cargo de auxiliar de biblioteca se hace mención de una oficina de libros en referencia donde se sellaban y registraban las obras que recibía la Biblioteca Nacional.

Es lógico pensar en el contexto de esa época que sin enseñanza bibliotecaria no puede haber buena administración de un biblioteca como la que nos ocupa. En los señalamientos anteriores, se observan una cantidad de conocimientos y técnicas que se usaban en ese tiempo, por lo cual se deduce que el Bibliotecario Nacional además de sus funciones, dedicaba cierto tiempo para estudiar sobre bibliotecas en libros de países extranjeros que no se mencionan pero que a través del canje se adquirían, de ahí y de otras fuentes se deriva la apropiación de técnicas bibliotecarias importadas del extranjero y que fueron asimiladas por las bibliotecas nicaragüenses.

Siguiendo en la línea de apropiación de técnicas bibliotecarias del extranjero hacia las bibliotecas nicaragüenses, en 1922, en el informe de Manuel Antonio Zepeda, Director de la Biblioteca Nacional que demostró altos niveles de conocimiento bibliotecario, se encuentra el mas hermoso testimonio de un verdadero Bibliotecario, en dicho documento se destacan los siguientes aportes:

1) Reorganización técnica y administrativa de la Biblioteca Nacional; 2) Apropiación de técnicas bibliotecarias de catálogos de bibliotecas de México, Argentina y Uruguay; 3) Formación de nuevos catálogos, parciales y General, con nuevas técnicas, con la intención de conformar un catálogo “científico y metódico”; 4) Intención e historia del fracaso de querer implantar en la Biblioteca Nacional el Sistema de Clasificación Dewey; 5) Innovación de un sistema de clasificación denominado “Plan Metódico”, que para su autor era un método de “catalogación general” y cuyo instrumento estaba directamente influenciado por el Sistema de Dewey, que universalizó las divisiones general por temas y sus respectivas subdivisiones; 6) Dotar a las colecciones de la Biblioteca Nacional de una “estantería especial” para la nueva organización bibliográfica; 7) Dificultad de encontrar empleados competentes para el servicio de la biblioteca; 8) Preparación de empleados que estén al tanto de la ciencia bibliográfica y de la biblioteconomía; 9) Que el gobierno incluya entre los estudios superiores un curso de Bibliografía y Biblioteconomía, de historia literaria en general y de paleografía; 10) La visión de una constante capacitación bibliotecaria para la Bibliotecas Públicas que los tiempos le obligarán a crear al gobierno y a la iniciativa privada; 11) Se dio una reforma presupuestaria salarial y aumento de personal; y 12) Se innovó un Sistema de Conferencias Públicas sobre diversos temas científicos y literarios

Además de las reformas e introducción de nuevas técnicas bibliotecarias que ya no vienen directamente de España, sino también de Estados Unidos y de países latinoamericanos como México, Argentina, Uruguay y otros, es la primera vez que se habla y se recomienda al gobierno establecer un curso superior de Ciencias Bibliotecarias; también es la primera vez que se menciona el Sistema Dewey que 35 años más tarde se establecería en la Biblioteca Nacional. Ese panorama de enseñanza bibliotecarias que dejo Don. Manuel Antonio Zepeda conforman hoy día un legado que le propinó un golpe muy fuerte al empirismo que embargaba a la ausencia de capacitación y era evidente en el trabajo de los bibliotecarios nicaragüenses.

De 1933 – 1972: Escaso predominio del empirismo y surgimiento de la enseñanza técnica bibliotecológica

A partir de 1933 y a escasos dos años del terremoto de Managua de 1931 que dejó a la Biblioteca Nacional huérfana de edificio propio pero apta para una rápida recuperación, se despierta principalmente en la ciudad capital, una actividad cultural inusitada, además de que la Asociación de Escritores y Artistas, presidida por el Dr. Andrés Vega Bolaños, que realizaba exposiciones de libros, actos literarios y culturales para promover a los autores nacionales y sus escritos, se da la presencia de bibliotecas y bibliotecarios profesionales extranjeros en el país.

Una de esas instituciones que destaca y marca el desarrollo de la enseñanza técnica bibliotecaria es la Biblioteca Americana Nicaragüense “Rubén Darío”, que estuvo bajo la administración de la Asociación Americana de Bibliotecas. Esta biblioteca trajo consigo los principales instrumentos técnicos bibliotecarios al país: Manuales de organización de bibliotecas, Sistema de Clasificación Decimal de Dewey, normas técnicas para la catalogación de libros, estableció el uso de catálogos divididos, el manual de Encabezamientos de Materia de Sears, el número de autor del Sistema Cutter y todo un arsenal de técnicas y aportes bibliotecológicos que 20 años después de su fundación iba a heredar a la Biblioteca Nacional de Nicaragua.

Con respecto a los directores y bibliotecarios profesionales que tuvo esta Biblioteca, hubo uno en particular, que estuvo breve tiempo en el país, y se destaca por sus aportes concretos y contundentes a través de sus muchos manuales publicados en español y que con ellos ayudó a la formación de bibliotecarios, bibliotecas y Bibliotecología de América Latina, se trata del notable y eminente maestro bibliotecario Dr. Gaston Litton. Además, a través de esta Biblioteca se envió a personal nicaragüense a especializarse en bibliotecología a universidades estadounidenses.

El hito bibliotecario que le dio el adviniendo a la época de la capacitación bibliotecaria permanente de Nicaragua, surgió en la primera mitad de la década de los años 50, cuando “El Ministerio de Educación de Panamá envió en 1955, ocho becas para un Curso de Técnicas Bibliotecarias, que se realizó durante tres meses en la ciudad de Panamá”. De dicho curso surgieron maestros bibliotecarios nicaragüenses que dictaron muchos cursos. A lo anterior hay que sumarle la influencia y predominio de las técnicas bibliotecarias estadounidenses que comenzaron a manifestarse directa e indirectamente en el país y con ello se desencadenó una serie de cursos de capacitación bibliotecaria en varios tipos de bibliotecas.

A ese despertar de constantes capacitaciones en técnicas bibliotecarias al personal en bibliotecas privadas y públicas, contribuyeron en gran medida a hacer desaparecer el empirismo bibliotecario y hacer surgir métodos modernos de enseñanza bibliotecaria.

En este sentido, la reorganización de la Comisión Nacional de Cooperación con la UNESCO en el país, también jugó un papel importantísimo con la estructuración de un Comité Nacional de Bibliotecas en 1963 que le dio prioridad a la capacitación de bibliotecarios empíricos, y marcó un paso más en la enseñanza bibliotecaria a través de los cursos que se incrementan año con año en el país y bajo la tutela del Comité de Bibliotecas se impartieron incontables cursos de capacitación, los que se consolidaron y crecieron en avances técnicos con el establecimiento de la primera Asociación Nicaragüense de Bibliotecarios (1964) y con la creación de la Asociación de Bibliotecas Universitarias y Especializadas de Nicaragua (1969).

De 1974 – 2004: Surge la Enseñanza Bibliotecológica Profesional

Expertos bibliotecario de la UNESCO en colaboración con la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, prepararon e innovaron un tipo de capacitación bibliotecaria que incluía un método de enseñanza – aprendizaje integral sobre los diferentes aspectos que se requerían para administrar una biblioteca con todos sus electos técnicos. Ese proyecto fue denominado Curso Audiovisual de Bibliotecología y tenía como objetivo principal, preparar bibliotecarios en el menor tiempo posible en los países de América Latina que no poseían una Escuela Profesional de Bibliotecología.

A Nicaragua llegó dicho curso en 1971 bajo los auspicios del Ministerio de Educación de esa época y sirvieron de facilitadores la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua – Recinto Rubén Darío y la Asociaciones de Bibliotecarios ASNIBI y ABUEN . El Curso fue impartido en tres ocasiones por maestros bibliotecarios extranjeros y nicaragüenses.

En dichos cursos se formaron 70 bibliotecarios, la mayoría de ellos empíricos que no habían recibido ninguna capacitación previa, ellos dieron muchos frutos a Nicaragua, se consideró un Programa de la UNESCO muy acertado para América Latina, e indudable fue un gran aporte a la enseñanza de la bibliotecología en Nicaragua.

Seis meses después de haber finalizado el Tercer Curso Audiovisual, en diciembre de 1972 se dio otro terremoto en la ciudad de Managua y hubo una tremenda devastación en el Sistema de Bibliotecas y Archivos del país.

La Universidad de Kent State University de Ohio y la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de sus especialistas se hicieron presente para evaluar el daño a las bibliotecas, bibliografías y archivos del país, prepararon sendos informes sobre esa situación. Posteriormente, Nicaragua recibió ayuda bibliotecaria, bibliográfica y donaciones a bibliotecas escolares, públicas y universitarias para paliar las necesidades del sistema de bibliotecas de la nación. Y sobre enseñanza bibliotecológica en el reporte documentado de la OEA, se dejó claro “el planeamiento tentativo para la creación de una Escuela de Bibliotecología en la Universidad Centroamericana (UCA).

Dos años después de esa referencia directa al establecimiento de la enseñanza superior bibliotecológica en Nicaragua, nace en 1974 la Carrera de Bibliotecología en la Universidad Centroamericana, apoyada financieramente por el Banco Central de Nicaragua y profesionalmente por la Asociación de Bibliotecas Universitarias y Especializadas de Nicaragua (ABUEN), la UCA abrió sus brazos académicos al universo bibliotecológico y creó de acuerdo como sus estructuras oficiales de entonces, el Departamento de Bibliotecología, donde se formaron y graduaron los primeros 32 profesionales en bibliotecología en 1978. En julio de 1979 se da el triunfo de la revolución, el país cambia su dinámica histórica y su administración.

En 1979 – 1980, ya dentro de un gobierno revolucionario, funcionarios de la UCA gestionaron ante el Consejo Superior de Estudios Universitarios (CNES) la debida autorización para el re-establecimiento de la Carrera de Bibliotecología, mientras bibliotecólogas y personal académico culminaban el nuevo Perfil y el Plan de Estudios Bibliotecológicos. Inmediatamente es aprobado y nace la Escuela de Bibliotecología en la UCA, la cual se establece en el II Semestre del año lectivo de 1980 – 1981, con la presencia de 45 alumnos matriculados, la mayoría de ellos bibliotecarios en el ejercicio de la profesión.

El antecedente que marcó el establecimiento de la Escuela de Bibliotecología, fue un gran movimiento de unidad bibliotecaria que se experimento en los dos últimos meses de 1979 y los tres primeros meses de 1980, cuando la mayor parte de los egresados de la primera graduación de bibliotecólogos de la UCA, bajo el apoyo del recién nacido Ministerio de Cultura, de La Biblioteca del Banco Central y de la Universidad Centroamericana, dictan lo que se denominó el “Primer Curso de Capacitación Bibliotecaria ‘Carlos Fonseca Amador’”, realizado en la UCA entre diciembre de 1979 y marzo de 1980, a él asistieron más de 150 bibliotecarios empíricos de toda la nación, fue un curso integral y con niveles de excelencia muy altos puesto que se contó con bibliotecólogos profesionales como maestros y con los conocimientos e instrumentos más actualizados del momento. Nunca se ha vuelto a repetir un curso semejante en la historia bibliotecaria del país.

Retomando el quehacer de la Escuela de Bibliotecología, se ve que de los 45 alumnos que la inauguran se gradúan en 1985, solamente 21, es decir hubo un fenómeno de deserción, abandono y reprobación de más del 50 por ciento, mensaje muy significativo de que algo no anduvo bien. Se conoció que en 1986 dicha Escuela tenía 220 estudiantes activos entre primero y quinto año de licenciatura; en las promociones de 1986 y 1987 se logran graduar 37 profesionales y hasta el año de 1992 que se cierra la Carrera Profesional por falta de demanda, y por testimonio de una ex – directora de La Escuela que tuvo el período administrativo más largo de ésta, 1986 – 1990, se supo “que se lograron graduar aproximadamente 100 estudiantes en esta década”.

Analíticamente, si se suma la matrícula inicial que fueron 45 estudiantes según la primera Directora de la Escuela, más la planta total de 220 estudiantes que en 1986 era de 265 estudiantes y si a ese total se le resta los 100 estudiantes que se graduaron en total, según testimonio de la ex –directora del período 1996 – 1990, se logra un total de 165 estudiantes que por deserción, desencanto, falta de vocación, reprobación entre otros factores, abandonaron la Escuela, con esos datos se deduce que el porcentaje de no retención alcanzó alarmantemente el 72. 5 por ciento, que hipotéticamente, pudo haber sido este fenómeno lo que causó el cierre de la Carrera en 1992.

Pero los fríos números y argumentaciones de porcentuales estadísticos no pueden opacar los logros concretos que la Escuela de Bibliotecología alcanzó en más de una década de funcionamiento, veamos en resumen esos aportes que trascienden cualitativa y cuantitativamente su ser y quehacer.
  • Aportó al país aproximadamente 100 profesionales en Bibliotecología.
  • Formó un Centro de Documentación con bibliografía especializada.
  • Actualizó los Planes de Estudio a través de reformas curriculares.
  • Tuvo entre sus profesores a bibliotecólogos extranjeros de Centroamérica, de Suecia, Suramérica, Cuba, Alemania, y ningún bibliotecólogo estadounidense, con lo cual se divorció de las corrientes técnicas norteamericanas que tanto predominaban y se practicaban en el país.
  • Construyó un pabellón propio para el funcionamiento de la Escuela con 5 aulas, local para la administración, los docentes y el Centro de Documentación.
  • Obtuvo dos computadoras para respaldar las asignaturas relacionadas con la automatización de la información.
  • Desarrolló entre 1992 – 1995 la Carrera de Técnico Superior en Bibliotecología en modalidad sabatina.
Desde la perspectiva histórica estudiada, se observó que desde sus inicios que la Escuela presentó más debilidades que fortalezas en su razón de existir bibliotecológicamente como tal, puesto que su administración no enraizó un toque profesional que sustentara sus principales fundamentos. Entonces, surgió la “dialéctica” de la sustitución en ese sentido, tal modo de operar no dejó madurar las ciencias bibliotecológicas en Nicaragua, ya que ella no estimuló la creación bibliotecaria, no promovió ni publicó ni siquiera un boletín de actualidades, ni el intercambio de conocimientos y experiencias con otras Escuelas de otras universidades extranjeras, ni fomentó la creación o establecimiento de un Centro de Investigaciones Bibliotecológicas, como debió haber sido su ministerio dentro de su propia misión.

Y por ello, después de una década de existir en una crisis permanente de ideas “socializantes”, dicha institución no soportó el cambio del impacto que causó el establecimiento de la incipiente democracia que se inició a partir de 1990 y su detrimento se hizo evidente, no como mala formadora de bibliotecólogos y bibliotecarios técnicos sino por su falta de darse al pueblo bibliotecario como servidora, no alcanzó el universo de la cultura y unidad bibliotecaria nacional porque se encerró en sí misma, es decir, sus bases, sus fundamentos eran de barro y no de concreto reforzado. Por eso fracasó la Escuela de Bibliotecología, porque se distanció de bibliotecas y bibliotecarios, no fue beligerante en cultivar la unidad en el gremio que debió ser su fuente y objetivo principal.

En vista de lo cual y de acuerdo con las normas internacionales de bibliotecología, se establece que debe haber un bibliotecario por cada 5 mil habitantes, entonces, si Nicaragua que tiene al 2004 más de 5 millones de habitantes, significa que tiene un déficit aproximado de un mil bibliotecarios, por lo tanto, se necesita principalmente de los actuales gremios bibliotecarios del país para hacer renacer La Escuela de Bibliotecología. Hoy, urgentemente, Nicaragua necesita la Carrera de Bibliotecología.

Managua, marzo, 2004